Guía para el cambio climático: Políticas e incidencia para Fondos de Agua
Una nueva guía descargable evidencia el rol protagónico de los Fondos de Agua para incidir en medidas de adaptación y mitigación climáticas
“Aquí puedes ver dónde nace el río”, dice Carolina Carrillo, recordando su más reciente travesía por la Amazonia ecuatoriana. A bordo de un pequeño bote llamado peke peke, Carrillo, una especialista en conservación de agua dulce de The Nature Conservancy (TNC), recorre un tributario del Amazonas llamado Curaray.
Más de mil tributarios desembocan en la cuenca del Amazonas, la más grande del mundo. El agua corre por miles de kilómetros a través de una red de humedales, cascadas y canales, sosteniendo los medios de vida de las comunidades y brindando hábitats para las especies en el camino. Pero la vasta escala y la naturaleza dinámica de estos ecosistemas convierten su conservación en un desafío.
“La protección de los ecosistemas de agua dulce se ha quedado atrás, y Ecuador no es una excepción” dice Gabriela Celi, coordinadora de la estrategia de conservación de la Amazonia ecuatoriana de TNC.
Mediante investigaciones científicas se ha logrado comprobar que los esfuerzos de protección generalmente encaminados hacia los ecosistemas terrestres, no visualizan metas de conservación para los ecosistemas de agua dulce. Especialistas en la temática han observado que la conservación de la tierra no ha impedido que estos sistemas sean represados, contaminados y explotados en exceso.
Por lo tanto, se reconoce la necesidad de implementar medidas de protección más específicas. Lo que nos lleva a preguntarnos, ¿cómo podemos proteger eficazmente los ecosistemas de agua dulce?
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Las comunidades indígenas de la Amazonia ecuatoriana están trabajando con TNC en la respuesta.
“Más del 60 % de la región amazónica de Ecuador constituyen territorios indígenas, por tanto, debemos fortalecer los modelos de conservación de agua dulce que son impulsados por las nacionalidades y las comunidades indígenas, respetando sus derechos y saberes tradicionales”, afirma Celi.
Carrillo, Celi y el equipo de TNC vienen trabajando con representantes de 33 comunidades waorani y 47 comunidades kichwa para implementar una innovadora estrategia de protección territorial. En 2022, las comunidades establecieron un modelo de conservación para 371.380 hectáreas de bosques , que forman parte de la microcuenca de los ríos Nushiño, Curaray y Villano.
Esta iniciativa busca salvaguardar los ríos a través de la protección del flujo natural, la calidad del agua y la conectividad entre ecosistemas. Tiene el objetivo de proteger 1.860 km de ríos que confluyen hacia el Curaray, contra amenazas como la minería y la desforestación y a la vez brindar conectividad para 200 especies de peces.
Y como señala Celi, bordea el Parque Nacional Yasuní. “Conectando el sistema fluvial Nushiño-Curaray-Villano con esta área protegida nos permitirá consolidar un gran corredor de agua dulce”.
Mientras representantes de las dos nacionalidades indígenas siguen desarrollando en conjunto el mecanismo liderado por la comunidad para proteger y monitorear el sistema fluvial, numerosas discusiones legales están en progreso en Ecuador con la finalidad de reconocer los esfuerzos para la conservación de las nacionalidades dentro de sus territorios.
El éxito duradero para la conservación de los ecosistemas de agua dulce en la cuenca Amazónica, y en otros lugares, no dependerá de una única solución, sino del proceso para alcanzarla. Este proceso comienza y se configura a lo largo del tiempo, mediante la escucha activa con los actores locales. Las políticas públicas o las soluciones orientadas a la sostenibilidad económica o conservación soportan mejor la prueba del tiempo cuando reflejan los valores socio-culturales y abordan inquietudes locales.
Como, para prosperar, el mundo necesita una cuenca amazónica sana, conectada y resiliente —y dado que buena parte de la región está en territorios indígenas—, los gobiernos y ONGs tienen que fortalecer los esfuerzos de conservación impulsados por las nacionalidades indígenas. Para desarrollar estrategias duraderas para salvaguardar sistemas dinámicos como los ríos, el mundo debe estar dispuesto a escuchar lo que los pueblos y nacionalidades indígenas tienen para decir.
Carolina Carrillo está dispuesta a escuchar, para ello debe llegar físicamente a los lugares donde puede establecer conversaciones con los pueblos y nacionalidades.
Conduce entre cuatro y cinco horas desde Puyo, la ciudad donde vive, y hace el trayecto final en un bote de tres metros llamado peke peke. En el curso de una semana, ella y su equipo viajarán en bote a muchas comunidades indígenas para hablar de la protección de los ecosistemas de agua dulce en talleres y conversaciones informales, antes de retornar a la ciudad de Puyo.
“Cuando estoy en la comunidad, tengo tiempo de hablar con las personas, conocer sus lugares, conocer ríos pequeños y ver algunos animales que me han fascinado por años”, cuenta Carrillo.
“En el pasado solían decir: Yakumama, la boa… tenía una poza bien conservada. Allí permanecía la boa y atraía a los peces. Por esta razón, lo hemos mantenido libre de la contaminación, para que la madre del agua, la boa, no se espante. Se quedó allí para que vinieran los peces, grandes o pequeños.
Así pensamos las mujeres. Nuestras madres, nuestras abuelas. Esto nos han enseñado, y planeamos seguir protegiendo el agua y nuestro territorio."
—Yolanda Vargas, Kichwa
La diversidad biológica presente en la microcuenca es asombrosa. Carrillo ha avistado peces que antes había visto solo en museos: especies como el bagre ciego, una especie nocturna, y el gran bagre cubierto de placas óseas conocido localmente como raspabalsas o pleco real. Y siempre existe la posibilidad de que una especie desconocida para la ciencia occidental se deslice silenciosamente por debajo de su bote.
Pero recientemente Carrillo ha hecho observaciones menos alentadoras, como las consecuencias de una grave sequía regional exacerbada por el cambio climático.
“Se puede ver el fondo del río, y eso es terrible”, dice y resalta que las comunidades indígenas a lo largo de estos ríos se están viendo afectadas por los cambios en el régimen fluvial, que podrían tener impactos sobre los medios de subsistencia de las comunidades que dependen del río para transporte, alimento y otros recursos.
Amenazas como la deforestación, la producción petrolera y actividades mineras en la cuenca alta pueden causar grandes efectos negativos a lo largo de toda la cuenca. Las poblaciones de bagre, una fuente fundamental de proteína y grasa saludable, tanto para comunidades indígenas como poblaciones locales, han disminuido y están siendo monitoreadas para verificar la contaminación de diferentes fuentes potenciales.
“Cuando llegamos a la comunidad, cuando tenía la edad que tiene mi hijo hoy, vi que había muchos bagres. Como el agua estaba limpia, se reunían allí. Atrapaban bagres todos los días. Y a veces yo iba, y él [mi padre] me enseñaba a pescar, a echar una red y a bucear.
Con el tiempo, ha desaparecido casi todo. La gente tiró dinamita al río y los bagres casi desaparecieron."
—Toribio Simbaña, Waorani
Las amenazas a los ríos, humedales y lagos no son exclusivas de la cuenca amazónica. Poblaciones monitoreadas de vida silvestre de ecosistemas de agua dulce de todo el mundo han decrecido un 85 % segun el Informe Planeta Vivo de WWF 2024 (en inglés) y los megapeces en un 94 % según el articulo del declive global de la megafauna de agua dulce (en inglés).
Los desafíos cambiantes requieren soluciones flexibles e innovadoras. ¿El primer paso? Dejar de lado las herramientas tradicionales de conservación terrestre en favor de un conjunto más amplio y flexible, que puedan adaptarse a las dinámicas y vulnerabilidades específicas de los sistemas de agua dulce.
Necesitamos soluciones que mantengan el flujo natural y la calidad del agua a través de la combinación de estrategias de protección innovadoras y la administración eficaz. A veces esas estrategias pueden ser áreas protegidas tradicionales, pero muchas veces no.
Carrillo y su equipo participan regularmente de talleres con las comunidades waorani y kichwa para codiseñar el plan de manejo, definir el modelo de gobernanza y establecer una estrategia de sostenibilidad financiera que apoye a la salud de la comunidad y sus medios de subsistencia sostenibles.
Cuando se toman decisiones que afectan recursos tan vitales como el agua y los medios de sustento, los desafíos para las remotas comunidades amazónicas son altamente complejos. Ante esto, las comunidades no toman a la ligera la decisión de aliarse con personas u organizaciones ajenas. La confianza debe ganarse, constantemente.
TNC toma medidas para asegurar el consentimiento libre, previo e informado (CLPI) de las comunidades para todas las decisiones. El CLPI es un estándar legal internacional y un proceso continuo para proteger el derecho de los pueblos indígenas a la autodeterminación, que habilita conversaciones significativas y la libertad de tomar decisiones sin intimidación.
“Es un proceso que lleva tiempo, pero es realmente importante —dice Carrillo—. Tenemos que ir paso a paso”.
A veces, una relación puede dar un paso atrás debido a un malentendido o a una falla en la comunicación. “Esto es algo en lo que tenemos que trabajar constantemente, porque somos seres humanos”, reconoce Carrillo.
Información sobre el Consentimiento Libre, Previo e Informado
Más informaciónLos procesos fundamentados en el CLPI legitiman el establecimiento de acuerdos y promueven la toma de decisiones participativa e inclusiva, respetanto las estructuras de cada organización comunitaria. Un proceso de CLPI alienta el diálogo y busca establecer salvaguardas para mitigar posibles conflictos, que más tarde, podrían ser costosos para el presupuesto o incluso para la misma relación.
Si bien las conversaciones tienen lugar en lo profundo de la Amazonía Ecuatoriana, están respaldadas por el diálogo que se da en ciudades como Puyo y Quito. Giselle Cevallos, especialista en Políticas en TNC Ecuador, hace hincapié en la necesidad de promover el reconocimiento de estos espacios de conservación: “Mi esperanza es que estas áreas designadas para la conservación con el tiempo obtengan reconocimiento nacional e internacional, si las comunidades lo desean.
De esa manera, avanzamos más allá de las ‘áreas de papel’ y nos aseguramos de que esas áreas se administren activa y eficazmente dentro de nuestra Amazonia ecuatoriana”.
Para Carrillo, la motivación va más allá que la simple curiosidad científica. Se trata de buscar el bienestar de los miembros de las comunidades con las que trabaja y garantizar la protección de los ecosistemas de agua dulce para beneficio de todos. “Si las personas pueden prosperar, es una gran señal de progreso”, afirma Carrillo.
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